«Los gallinazos sin plumas» (1955) es uno de los cuentos más reconocidos de Julio Ramón Ribeyro. Ribeyro nació en Lima el 31 de agosto del 1929, estudió Letras en la PUCP. Vivió en Francia, España y Alemania y además fue galardonado con distinciones en Latinoamérica. Su obra literaria es asociada con la narrativa urbana o realismo urbano.
Al leer «Los gallinazos sin plumas», nuevamente se encuentra uno con una redacción precisa y ordenada para poner en contexto al lector y transmitir emociones, además del manejo de un lenguaje sencillo. Lo anterior contribuye perfectamente al objetivo de demostrar la condición que sufren muchos niños en la pobreza y desamparo. Aunque no es solo este tema lo que queda evidenciado.
Riberyro nos describe la falta de sensatez con la que puede actuar una persona, la falta de insensibilidad. Se hace énfasis también en el hambre del animal, hambre que era sobrepuesto a los derechos humanos de los niños. Hambre que era insaciable, que se puede equiparar al, cada vez mayor, consumismo en que se vive actualmente. Y cuando el animal no comía: enloquecía más, siendo capaz de consumir lo que estaba a su alcance, sin razonar, sin distinguir, consumiendo así a quién, de alguna forma, le proveía de alimentos.
En las primeras escenas se muestra la rutina de los niños, que solo vivían para servir al consumo de otro. En esa continuidad, ocurre lo predecible. Me agradó bastante el contraste que Ribeyro le da a la historia triste, al mostrar el amor de hermanos entre los niños. Sin embargo esto no era suficiente para tener una salida a esa precaria situación. Era necesario que el generador directo del problema se autodestruyera en uno de sus intentos por castigar.
Recomiendo mucho este cuento para sensibilizar sobre la situación que viven muchos niños aún. Me atrevo a decir que tiene un poder incluso más efectivo que una imagen mostrando niños en condición de pobreza.

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